Another one bite the dust
| Solo dos vacas y un pequeño chanchitos fueron testigos. Reaccioné rápidamente, mis manos se dirigieron hacia aquella piedra grande que evitó que me golpeara en ella, sin embargo, una de mis rodillas tocó suelo. El saldo, unos rasguños en las manos, un golpe en la rodilla izquierda y un pantalon raspado. Faltaba menos de 50 metros, ya veía la posta pintada de ese color celeste oscuro que las caracteriza, debí aminorar el paso, pero no, aún sabiendo que era de bajada aceleré el paso tratando de alcanzar aquello que por mas de media hora trataba de hacerlo posible. Y bueno, resultado, cataplum al suelo. Je je je, tres mudos testigos presenciaron la escena, por suerte ninguno sabe hablar. Ya me pasó algunas veces, las caidas mas fuertes han precedido a logros importantes en mi vida. Claro, en aquellos casos el tiempo se contaban en meses. Como en este caso, el pararme y seguir adelante, incluso disimulando el dolor, me permitió llegar alcanzar el objetivo. Tal vez soy demasiado terco, o quizás tengo la capacidad de enojarme conmigo mismo y gritarme dentro de mí, de todas formas es una cualidad que aprecio en mi. Sobre la moto de aquel desconocido, hacía calculos y preveía llegar a Huamanga pasadas la tres de la tarde. Había salido temprano a Quinua, y despues de que me informaron que habia una ruta corta a Llamahuillca, pensé poder visitar tanto esta posta como la de Pacaycasa. En la moto partía rumbo a Pacaycasa, había llegado a la carretera, ya con la caida a cuestas, luego de bajar y subir una nueva quebrada. En fin, almorcé en Pacaycasa y llegue a Huamanga casi a las 4pm. Como decía, cada salida ofrece nuevas anecdotas y por lo tanto nuevas oportunidades de escribir. Después de dormir por espacio de dos horas, y luego de hacer mis compras, estoy de nuevo frente al teclado, escribiendo para mi y mis amigos. Ayacucho, 12 de Agosto de 2005 |

0 Comments:
Post a Comment
<< Home